Sentado aquí, desnudo, escuchando alguna obra de Mozart, me encuentro.
Las ideas se entrecruzan, mientras en mi surge el deseo de expresar lo afluente sin tapujos ni morales, estética, segmentos ni categóricamente trazar un algo concreto, delimitado, final y muerto, dentro de mi tamiz multipolar.
Imaginaba recién, recostado, cuán variable puede ser cada posibilidad. Al contarte una vivencia, vos imaginando cualquier cosa; será nuestra íntima verdad compartida, entendida...
Pensaba también, como muchas veces, en desnudarme enteramente ante quienes conviven conmigo, demostrar contando pacíficamente mis rasgos no delimitados que, si bien no pretendo, logren justificar la ciclotimia. Bella melodía que estremece de a momentos gozosamente y raramente, cuando me olvido de lo grandioso, caer en desesperación, abandono y remolinos pasados; ¿para qué?. Incluso, a veces a la fuerza utilizo esto para de algún modo echar leña y acurrucarme en la fogata de hogueras tras hogueras, reposando a distancia de aquello que controlo, disfrutando el calor, el saltar por entre tiempo y espacio de acá y trasladarme al sitio aquél en donde transcurren las cosas sin planificación alguna. Aquella cuna, donde habita, transcurre y comunica ensoñaciones que a veces literalizamos en actos concretos. Donde la falta de leyes, de contrastes bitonos existe. Donde la negación de por sí, es negada también y esto no crea matemáticamente un positivismo extravagante, una cordial pero disconforme conformidad. Aletargar el propio ego y amoldarse a lo recogido sin esfuerzo...