
C omparto esta opinión, de acuerdo a mi "proceso creativo": En realidad, no es impulso auténtico la intención de transmitir algo en concreto; de formar, lograr, objetivizar, de concretar un destino particularmente optado. Lo planeado pierde la iniciativa del vértigo. Estás ante el abismo y el tropezón puede significar afrontarte a re-aprender o inventar el vuelo, habiendo tenido siempre las alas pero que, de confiad@, o temeros@, no te atreviste a probar.
Se trata, PARA MI, repito: de fluír... pero no en el sentido vulgar, sino ¡FLUÍR REALMENTE!, sentirse cómodo de realizar lo que uno crea necesario en el momento de catársis, descartar cualquier tamiz moral, de coherencia, de lógica e incluso hasta de poética tradicionalista. Haciendo lo que te vaya sugiriendo la obra. Existe una simbiosis. Te encontrarás ante una "gran ensalada" que te plantea el nuevo desafío de encontrar la conexión inconsciente pero tan ligada a la metáfora de ser como eslabones de una misma cosa: no tuya, no mía, sino de ésto que ves y lo que hay más allá. Lo que le da sentido para estar, negándose, siendo de este modo e interpretado de otros tantos a la vez. Como escultura contemporánea.
Jebú.